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altLa soya en Bolivia tiene sabor nacional, aunque es producida en gran medida por capitales brasileños. Al menos a esa conclusión llegó un estudio de la Fundación TIERRA, que establece que empresarios de Brasil se adjudicaron el 40 por ciento de ese negocio en tierras cruceñas.

 

La presencia de inversionistas brasileños en el país no es nueva. Entre 1994 y 1995 los empresarios de este país tenían aproximadamente el 19,6 por ciento de la superficie cultivada de soya; casi la mitad de las propiedades (36,8 por ciento). Por aquellos años, los agricultores bolivianos tenían el 32 por ciento del negocio.
 

Sin embargo, en 15 años el ranking de la soya ha cambiado. La Fundación TIERRA, con base en datos de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo), afirma que en la actualidad la presencia brasileña ha crecido en más del doble.

Es decir, que hoy los brasileños tienen alrededor del 40 por ciento del negocio soyero; en tanto que los menonitas manejan el 20,2 por ciento y los empresarios nacionales el 28 por ciento (ver más información en el infograma de la página siguiente).
 

El director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), Carlos Rojas, no afirmó ni negó tal versión. Sólo se limitó a decir que su institución no tiene a disposición datos sobre la nacionalidad de los dueños de las tierras y tampoco sobre la actividad a la que se dedican (en este caso soya). Vía teléfono, Rojas agregó que en este momento lo importante para el INRA es concluir con las metas de saneamiento en el país.
 

Demetrio Pérez Flores, presidente de Anapo, dijo a La Razón que los datos de la Fundación TIERRA son falsos. “En total, el porcentaje de extranjeros que está en el tema de la soya debe ser entre el dos y el cinco por ciento. Hay una confusión con los descendientes de los extranjeros, hay hijos de extranjeros que ahora tienen todos sus papeles en orden y son bolivianos”.
 

El ejecutivo recordó también que décadas atrás llegaron a SantaCruz ciudadanos de otras naciones. “Ellos se dedicaron a la soya y hablamos de japoneses, menonitas, rusos, ha llegado gente de distintos países”.
 

Pérez aseguró a este medio que la información difundida por la Fundación TIERRA sólo perjudica a la región. “No hay tales extranjeros; son los hijos de los primeros”.

El crecimiento. Según el estudio de la Fundación TIERRA —que fue encargado por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y que rastrea los “orígenes” de la concentración de tierras en Bolivia durante los últimos años—, el auge brasileño empezó allá por los años 80. Fue entonces que empresarios bolivianos habrían vendido sus tierras a los brasileños que empezaron con la incursión soyera a Bolivia.

 

La expansión de la frontera agrícola de SantaCruz, el subsidio estatal al precio del diesel, y el congelamiento de su precio (hace dos décadas) también se convirtieron en un atractivo para la inversión económica. Las tierras en el país son, continúa el informe de Tierra, un buen negocio para los extranjeros; especialmente de Brasil y Argentina.
 

Así, la mayoría de las tierras adquiridas por extranjeros fueron compradas a precios que costaban menos de 800 dólares por hectárea. En la actualidad, las mismas tierras aptas para la producción de soya costarían alrededor de los 2.000 dólares.
 

A pesar de no existir un censo sobre extranjeros involucrados en la agricultura soyera, las informaciones periodísticas del 2005 daban cuenta de que el 35 por ciento de la soya que producía Santa Cruz estaba en manos de brasileños. Ahora, el estudio de Tierra agrega que los ciudadanos brasileños se han convertido en los primeros en invertir su dinero en la soya.
 

En esta misma línea de análisis, el académico brasileño Mathias Luce escribió un documento titulado El subimperialismo brasileño. En este documento señala: “Es un hecho conocido que existen cerca de 200.000 brasileños en tierras bolivianas (los brasivianos). Sin embargo, de ese contingente, apenas 100 familias de grandes terratenientes brasileños controlan 32 por ciento de la producción boliviana de soja y 35 por ciento de las exportaciones del mismo producto.”

La soya. En las últimas dos décadas se produjo un incremento en la superficie cultivada en las tierras bajas de Bolivia. En los años 90 se registró un salto de 413.320 hectáreas a 1.821.631 en el 2007.

 

Según datos de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de SantaCruz Bolivia (Cainco), el cultivo de soya y otras oleaginosas bordea el millón de hectáreas y las 800.000 hectáreas restantes se destinan a la caña de azúcar, algodón, trigo, arroz, maíz y otros cultivos.
 

Pero hay más, en 19 años la superficie cultivada de soya creció casi seis veces. Si en el año 1990 la superficie agrícola de este producto alcanzaba el 36 por ciento; en la gestión 2009, el 52 por ciento de la superficie agrícola es de soya. La soya se ha convertido en un motor económico para el país, especialmente para la región cruceña.
 

Según la página web de la Asociación Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas “en la actualidad, Anapo representa a más de 14.000 productores que ofertan en cada campaña (verano e invierno), miles de fuentes de trabajo, y representan más del 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del departamento Santa Cruz”.


Sobre el texto de la Fundación TIERRA

 

El estudio de la Fundación Tierra se elaboró a pedido de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El documento rastrea los “orígenes” de la concentración de tierras en Bolivia durante los últimos años. Se han levantado datos en los municipios fronterizos cruceños con Brasil. En la ciudad de SantaCruz se entrevistó durante el mes de agosto a 20 actores “clave” del sector agropecuario y agroindustrial. También, entre otros documentos, se recopiló información hemerográfica.

El plan Bohan y la marcha hacia el oriente cruceño

La misión estadounidense presidida por Merwin Bohan llegó al país luego de la Guerra del Chaco. El plan, aprobado durante el gobierno de Enrique Peñaranda (1942), determinó que la mayor parte del territorio era inexplorado, en particular el Oriente, representado por Santa
Cruz. Entonces, se recomendó fomentar las migraciones.

La Reforma del 53 fomentó las inversiones extranjeras

La Ley de Reforma Agraria de 1953, liderada por Víctor Paz Estenssoro y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), señalaba que todo extranjero tenía el mismo derecho que los bolivianos para recibir tierras dotadas por el Estado. Como condición se pedía que se cumplan los requisitos de migración y colonización.

La Ley INRA y su prohibición a la dotación

Durante el año 1996 se creó el Instituto de Reforma Agraria (INRA) y comenzó la titulación de extensas superficies a favor de los pueblos indígenas. La Ley INRA prohibía la dotación gratuita o adjudicación de tierras fiscales a extranjeros; sin embargo, permitía la posibilidad de compra a un propietario privado nacional.

Las metas de la actual Reforma Agraria

Entre 1996 y 2006 debían estar saneadas todas las tierras del país y se debían revisar los derechos otorgados por el Estado desde 1953. En el gobierno de Morales se aprobó una ley modificatoria para titular territorios para los indígenas, además de revertir y  expropiar tierras de los latifundios improductivos. Hasta el 2013 se debe concluir el “saneamiento”.


La soya en Bolivia tiene sabor nacional, aunque es producida en gran medida por capitales brasileños. Al menos a esa conclusión llegó un estudio de la Fundación TIERRA, que establece que empresarios de Brasil se adjudicaron el 40 por ciento de ese negocio en tierras cruceñas.
 

La presencia de inversionistas brasileños en el país no es nueva. Entre 1994 y 1995 los empresarios de este país tenían aproximadamente el 19,6 por ciento de la superficie cultivada de soya; casi la mitad de las propiedades (36,8 por ciento). Por aquellos años, los agricultores bolivianos tenían el 32 por ciento del negocio.
 

Sin embargo, en 15 años el ranking de la soya ha cambiado. La Fundación TIERRA, con base en datos de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo), afirma que en la actualidad la presencia brasileña ha crecido en más del doble.
 

Es decir, que hoy los brasileños tienen alrededor del 40 por ciento del negocio soyero; en tanto que los menonitas manejan el 20,2 por ciento y los empresarios nacionales el 28 por ciento (ver más información en el infograma de la página siguiente).
 

El director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), Carlos Rojas, no afirmó ni negó tal versión. Sólo se limitó a decir que su institución no tiene a disposición datos sobre la nacionalidad de los dueños de las tierras y tampoco sobre la actividad a la que se dedican (en este caso soya). Vía teléfono, Rojas agregó que en este momento lo importante para el INRA es concluir con las metas de saneamiento en el país.
 

Demetrio Pérez Flores, presidente de Anapo, dijo a La Razón que los datos de la Fundación TIERRA son falsos. “En total, el porcentaje de extranjeros que está en el tema de la soya debe ser entre el dos y el cinco por ciento. Hay una confusión con los descendientes de los extranjeros, hay hijos de extranjeros que ahora tienen todos sus papeles en orden y son bolivianos”.
 

El ejecutivo recordó también que décadas atrás llegaron a SantaCruz ciudadanos de otras naciones. “Ellos se dedicaron a la soya y hablamos de japoneses, menonitas, rusos, ha llegado gente de distintos países”.
 

Pérez aseguró a este medio que la información difundida por la Fundación TIERRA sólo perjudica a la región. “No hay tales extranjeros; son los hijos de los primeros”.

El crecimiento. Según el estudio de la
Fundación TIERRA —que fue encargado por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y que rastrea los “orígenes” de la concentración de tierras en Bolivia durante los últimos años—, el auge brasileño empezó allá por los años 80. Fue entonces que empresarios bolivianos habrían vendido sus tierras a los brasileños que empezaron con la incursión soyera a Bolivia.
 

La expansión de la frontera agrícola de SantaCruz, el subsidio estatal al precio del diesel, y el congelamiento de su precio (hace dos décadas) también se convirtieron en un atractivo para la inversión económica. Las tierras en el país son, continúa el informe de TIERRA un buen negocio para los extranjeros; especialmente de Brasil y Argentina.
 

Así, la mayoría de las tierras adquiridas por extranjeros fueron compradas a precios que costaban menos de 800 dólares por hectárea. En la actualidad, las mismas tierras aptas para la producción de soya costarían alrededor de los 2.000 dólares.
 

A pesar de no existir un censo sobre extranjeros involucrados en la agricultura soyera, las informaciones periodísticas del 2005 daban cuenta de que el 35 por ciento de la soya que producía Santa Cruz estaba en manos de brasileños. Ahora, el estudio de TIERRA agrega que los ciudadanos brasileños se han convertido en los primeros en invertir su dinero en la soya.
 

En esta misma línea de análisis, el académico brasileño Mathias Luce escribió un documento titulado El subimperialismo brasileño. En este documento señala: “Es un hecho conocido que existen cerca de 200.000 brasileños en tierras bolivianas (los brasivianos). Sin embargo, de ese contingente, apenas 100 familias de grandes terratenientes brasileños controlan 32 por ciento de la producción boliviana de soja y 35 por ciento de las exportaciones del mismo producto.”

La soya. En las últimas dos décadas se produjo un incremento en la superficie cultivada en las tierras bajas de Bolivia. En los años 90 se registró un salto de 413.320 hectáreas a 1.821.631 en el 2007.

 

Según datos de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de SantaCruz Bolivia (Cainco), el cultivo de soya y otras oleaginosas bordea el millón de hectáreas y las 800.000 hectáreas restantes se destinan a la caña de azúcar, algodón, trigo, arroz, maíz y otros cultivos.
 

Pero hay más, en 19 años la superficie cultivada de soya creció casi seis veces. Si en el año 1990 la superficie agrícola de este producto alcanzaba el 36 por ciento; en la gestión 2009, el 52 por ciento de la superficie agrícola es de soya. La soya se ha convertido en un motor económico para el país, especialmente para la región cruceña.
 

Según la página web de la Asociación Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas “en la actualidad, Anapo representa a más de 14.000 productores que ofertan en cada campaña (verano e invierno), miles de fuentes de trabajo, y representan más del 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del departamento Santa Cruz”.

 


Sobre el texto de la Fundación TIERRA
 

El estudio de la Fundación TIERRA se elaboró a pedido de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El documento rastrea los “orígenes” de la concentración de tierras en Bolivia durante los últimos años. Se han levantado datos en los municipios fronterizos cruceños con Brasil. En la ciudad de SantaCruz se entrevistó durante el mes de agosto a 20 actores “clave” del sector agropecuario y agroindustrial. También, entre otros documentos, se recopiló información hemerográfica.

El plan Bohan y la marcha hacia el oriente cruceño

La misión estadounidense presidida por Merwin Bohan llegó al país luego de la Guerra del Chaco. El plan, aprobado durante el gobierno de Enrique Peñaranda (1942), determinó que la mayor parte del territorio era inexplorado, en particular el Oriente, representado por Santa
Cruz. Entonces, se recomendó fomentar las migraciones.

La Reforma del 53 fomentó las inversiones extranjeras

La Ley de Reforma Agraria de 1953, liderada por Víctor Paz Estenssoro y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), señalaba que todo extranjero tenía el mismo derecho que los bolivianos para recibir tierras dotadas por el Estado. Como condición se pedía que se cumplan los requisitos de migración y colonización.

La Ley INRA y su prohibición a la dotación

Durante el año 1996 se creó el Instituto de Reforma Agraria (INRA) y comenzó la titulación de extensas superficies a favor de los pueblos indígenas. La Ley INRA prohibía la dotación gratuita o adjudicación de tierras fiscales a extranjeros; sin embargo, permitía la posibilidad de compra a un propietario privado nacional.

Las metas de la actual Reforma Agraria

Entre 1996 y 2006 debían estar saneadas todas las tierras del país y se debían revisar los derechos otorgados por el Estado desde 1953. En el gobierno de Morales se aprobó una ley modificatoria para titular territorios para los indígenas, además de revertir y  expropiar tierras de los latifundios improductivos. Hasta el 2013 se debe concluir el “saneamiento”.

 

Fuente: La Razon

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